El resultado de una encuesta preelectoral no es una predicción ni un pronóstico, es una descripción acerca del presente, de cómo votaría la gente si las elecciones fuesen hoy, basada en los dichos de la propia gente. Sólo si se supone que no habrá cambios importantes que influyan significativamente en los aspectos tomados en cuenta por los ciudadanos a la hora de votar, se puede esperar que la encuesta coincida con el desempeño electoral futuro”. Esto decía Robert G. Meadows, uno de los “gurús” de los estudios de opinión en EE UU, y viene que ni pintado a propósito de los comentarios suscitados, en público y en privado, sobre la encuesta realizada por la empresa ODEC para “Gente de la Safor” y publicada en este semanario a lo largo de las últimas tres semanas.
Algunos de los interesados parecen sufrir una especie de “hipocondría estadística” sobre lo que dice, no sólo ésta, sino las encuestas realizadas en los últimos años en Gandia negando la mayor, por si acaso, como al líder del PSOE, José Manuel Orengo; a otros les mueve la conveniencia de descalificar sin rubor lo que saben que es metodológicamente correcto (aunque luego presenten como encuestas propias verdaderos atentados contra la ciencia estadística y así les va) como el líder del PP, Arturo Torró. Respecto a esas opiniones, basta con leer sus respectivos “blogs”. De todos modos, unos y otros, todos, harían bien en saber que, tal y como se expresaba en la información sobre el estudio, lo importante es interiorizar que uno de los factores a tener en cuenta es que a prácticamente 19 meses de las próximas elecciones municipales, las cosas pueden cambiar y mucho. Además no existe, “presión electoral” sobre los ciudadanos que les obligue a decantarse con mayor claridad sobre sus intenciones políticas.
Y, es más, si algo puede reflejar una encuesta en un momento dado, es “un estado de opinión” que, funciona al modo de una foto fija. Por si no es suficiente argumento aquí va otro: las opiniones concretas de los ciudadanos sobre una cuestión, hasta cierto punto íntima, como es la de sus preferencias electorales concretas, la tendencia a no responder concretamente se hace patente entre una parte de los encuestados. Para eso se formulan otras preguntas como simpatía / rechazo por un partido o partidos, autoubicación ideológica, sentimiento de pertenencia y, sobre todo, valoración de líderes etc, a las que -curiosamente- sí se responde con claridad.
En cuanto a esto último, por ejemplo, bien haría en hacérselo mirar Torró, el peor valorado con diferencia de todos los cabeza de lista al que además, los propios votantes del PP le suspenden en una proporción llamativa. Por contra, más de un 16% de quienes aseguran ser votantes del PP, aprueban sobradamente a su principal adversario en la misma franja electoral, Fernando Mut. Sea como fuere, lo más importante que dice la encuesta no está precisamente en el tema electoral: una mínima perspicacia de los responsables políticos locales les haría conscientes de lo que verdaderamente opinan los ciudadanos sobre la situación política local: proyectos (donde el tranvía es el peor valorado con diferencia) problemas de la ciudad (con la “cantidad de obras” en primer lugar, seguido del paro, tráfico y aparcamientos, y la valoración media del ayuntamiento en general, bastante alta. De esa parte de la encuesta pueden extraerse muchas conclusiones y enseñanzas, así como de la percepción personal que se tiene de la situación.
Más allá de cualquier otra consideración, lo bien cierto es que el clima que desprende en general la encuesta no es precisamente de cambio. Otra cosa es que la tendencia pueda revertirse en un plazo medio. Es decir, el PSOE ganaría las elecciones, el PP no acaba de arrancar, el Bloc crece y Plataforma se mantiene. Vendrán más encuestas, de este medio y de otros, de los propios partidos y entonces, ya veremos cómo va el juego. Mientras tanto, a templar los nervios, interpretar correctamente al votante y trabajar si se quiere cambiar las encuestas y, cómo no, obtener mejores resultados.
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